espaliaswing/ marzo 31, 2018/ Sin categoría/ 0 comments

Hoy Sábado Santo, se me ocurre que el mejor tema para poder hablar es que se puede sobrevivir a una secta.

El camino religioso de mi madre, encontró la horma de su zapato en el Palmar de Troya con el Papa Clemente.

De entrada te diré que en su momento me planteé denunciar al Ministerio del Interior por tener reconocida una secta como El Palmar, como grupo religioso minoritario. Es increíble que el Estado no tome medidas contra una secta destructiva que manipula, roba y destruye a las personas; hechos todos estos demostrables de forma documental.

Desde el año en el que comenzaron las supuestas apariciones en el Palmar de Troya, mi madre estuvo en Sevilla, gracias a una amiga, a la que nunca soporté, por cierto. En principio, iba al Palmar, como a Lourdes, buscando respuestas supongo. La cuestión es que con el paso de los años, justo en el momento de la transición política, que se unió a cambios en los ritos de la Iglesia católica y por supuesto a cambios sociales, Clemente y compañía hicieron su agosto.

De todos los que supuestamente veían a la Virgen en las apariciones del Palmar. Los listos que montaron la historia fueron el “Papa Clemente”, junto al “Padre Isidoro” y el “Padre Elías”, un trío de cuidado.

Siendo conscientes de la disconformidad con los cambios de una parte de la clase media alta de la sociedad, buscaron las estrategias para acceder a ellos. Lo que hicieron, fue retomar los ritos de la iglesia con los que habían sido educadas todas estas personas; los curas celebraban misa de espaldas al clero, las mujeres se sentaban en un lado de la iglesia y los hombres en otro, se rezaba en latín, Franco, Carrero Blanco y Primo de Rivera fueron santificados, también era santo Monseñor Escrivá de Balaguer y todos los mártires de la guerra civil (los adeptos del movimiento que murieron), el comunismo y los masones eran los enemigos y cuando fueron excomulgados por la Iglesia católica, ellos excomulgaron a toda la Iglesia.

Fundaron la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz y fueron ordenados sacerdotes y obispos por un arzobispo vietnamita. Luego ampliaron a las monjas de clausura.

Fue justo en 1978 cuando Clemente se auto proclamó Papa con el nombre de Gregorio XVII, lo que contaban es que se le apareció San Pedro y le entregó las llaves de la Iglesia. En esa supuesta aparición también le dijo la Virgen que llegado el momento se produciría el gran milagro, le devolvería la vista. En uno de sus locos viajes, habían tenido un accidente y Clemente había perdido los glóbulos oculares, así que tremendo milagro. Lo triste es que los palmarianos creían que ese milagro se iba a producir sin duda alguna.

Cuando murió Clemente, por supuesto, sin recuperar la visión. Manuel Alonso, el cerebro principal, conocido como Padre Isidoro, pasó a ser el Papa Pedro II. Lo primero que mandó fue destruir todos los mensajes desde 1978 hasta ese momento, amenazaron con que los palmarianos que no los destruyeran serían excomulgados.

Desgraciadamente, he de contarte que la primera vez que vino un cura del Palmar a Canarias fue para que yo hiciera la primera comunión, se supone que debería haberme sentido orgullosa por ello. Yo no entendí nada de nada.

Verás estaba en el Colegio Guaydil (del Opus Dei) preparando la primera comunión con todas las compañeras de clase, incluso fui a los ensayos en la Iglesia. Y de repente, mis padres me dicen que no voy a hacer la primera comunión con el resto, porque justo aquel año, el Opus había decidido que las niñas no llevasen toca.

Así que recuerdo el día de mi primera comunión como un día triste, decepcionante, y en general horrible sin h para que sea más horrible. Eso sí, mi madre estaba feliz y mi padre la verdad que no lo sé, supongo que también por ver feliz a mi madre.

Recuerdo que me levanté, por supuesto que no pude comer porque iba a comulgar, me puse el vestido y fuimos a casa de Alberto y Nieves en la avenida marítima, ellos habían terminado en el Palmar buscando el milagro de la curación de Alberto que estaba en silla de ruedas, fueron de los primeros palmarianos en Canarias y los primeros que se fueron. Cuando llegamos a su casa me encontré delante del Padre Bonifacio, un sacerdote alemán que era católico pero que apostató y se unió al Palmar, este señor hizo un turno de misas en lo que nosotros rezábamos el rosario penitencial (había que rezarlo todos los días, padrenuestro, ave maría, gloria y ave maría purísima en cada cuenta y al final las letanías lauretanas…más de una hora rezando ), por supuesto de espalda a nosotros y rezando en latín, con lo cual yo no entendía nada. Las mujeres con velo por un lado y los hombres por otro, en total cinco personas, mi madre, Nieves y Encarna por un lado y mi padre y Alberto por otro.

Pero ahí no acaba la cosa, tuve que volver al día siguiente, vestida de primera comunión para que me confirmara. Ni curso de preparación ni nada por el estilo, supongo que me explicaron de qué iba la historia, pero no recuerdo nada. Uno de los mecanismos que desarrollé desde pequeña para sobrevivir a determinadas situaciones que me tocaron vivir, fue aislarme de la realidad.

Te imaginarás que no hay una sola foto en la que sonría ni siquiera levemente. Para mi era un castigo, pero no tenía ni idea de lo que había hecho mal.

Lo curioso es que mi padre nunca se hizo palmariano. En realidad yo tampoco, a mi me llevaba mi madre y mi padre lo permitía, y con la edad que tenía pues no tenía ni voz ni voto. Aunque los palmarianos consideraban que yo era uno de ellos.

Justo cuando cumplí los diez años, mi madre me propuso que si quería pertenecer a la Orden convirtiéndome en monja de clausura. Me imagino mi cara, porque recuerdo la de ella, cuando le dije que no. En aquel momento, di por hecho que proponerle algo así a una hija no estaba bien. Con los años, entendí que es que mi madre ya no estaba bien, la perdoné y di las gracias porque a  pesar de mi corta edad tuve una respuesta rotunda. De hecho insistió durante bastante tiempo hasta que se dio cuenta de que no era no. Mi padre ni se enteró.

Después de la Primera comunión, el Padre Bonifacio comenzó a venir periódicamente a Gran Canaria, cada cinco o seis meses más o menos. Incluso, en 1982, Clemente nos honró con su presencia; recuerdo un artículo de prensa en el que se decía que él y su séquito habían montado un espectáculo en algún lugar  de la isla, la verdad es que no me lo dejaron leerlo. Aunque ya no estaba en el Palmar, recuerdo que Clemente estuvo en Las Palmas de Gran Canaria. Sé que en uno de los periódicos salió una noticia en la que se decía que él y los que le acompañaban habían organizado tremenda fiesta en el hotel en el que se quedaban. Por supuesto, para ellos la noticia fue una sarta de mentiras, que sólo buscaban dañar la imagen del verdadero Papa. A partir de ahí en la casa de los palmarianos de Las Palmas quedó prohibido comprar el periódico que había osado blasfemar de esa forma. Por supuesto, todos los vinculados con la edición de esa información fueron automáticamente excomulgados.

Poco a poco el grupo de Canarias fue creciendo hasta un total de 40 personas. La primera que se fue, la que te cuenta esta historia.

Con 11 años dije “hasta aquí llegué” y ese fue el principio del fin de la relación cordial con mi madre, yo pasé a ser apóstata, a estar excomulgada y casi casi a ser el diablo con piernas. Lo que me llevó a sentarme a hablar con el Padre Bonifacio y decir que yo no iba a ir más fue que todo era un sinsentido cada vez mayor.

Todo era pecado, ir a la playa, que las mujeres llevasen pantalón, de hecho había que ir con manga larga, falda por debajo de la rodilla 5 dedos y  cuello cerrado, ponerse ropa vaquera prohibido, hablar con curas, monjas y cualquier persona vinculada activamente a la Iglesia católica también estaba prohibido, los amigos y allegados que no se hiciesen palmarianos pasaban a ser enemigos feroces, jugar al baloncesto o practicar natación pecado, y así con todo lo que te puedas imaginar. Y lo peor, su familia pasaba a ser la familia  palmariana, que ocupaba un lugar más importante que la propia familia (padres, madres, pareja, hijos, hermanos…) y por supuesto que había que hacer aportaciones económicas periódicas, cada vez de mayor cuantía por supuesto, para el mantenimiento de la Iglesia y para ganarse el cielo.

Además consiguieron que todos los palmarianos estuviesen convencidos  de que existía una conspiración masónica y comunista para hacerlos desaparecer, también la Iglesia católica y el gobierno español y de otros países los perseguían, vamos de locos.

Recuerdo la conversación con el Padre Bonifacio, un hombre de sesenta y tantos años, como si la hubiese tenido hace un momento. Empecé preguntándole por qué tantas cosas eran pecado, y no pudo o no supo rebatir los argumentos que yo le daba por lo que no lo eran.

Si Dios creó las playas ¿Por qué es pecado ir?, su respuesta “porque se incita al pecado, se enseña el cuerpo”, a lo que le dije que el pecado estaba en las cabezas de los demás no en la persona que se ponía un bañador, y que los que “pensaban mal” lo hacían sobre mujeres en bañador o con falda hasta el tobillo…se calló.

¿Por qué no puedo llevar vaqueros?, me dijo que la tela vaquera es provocativa, incita al pecado, y las mujeres no pueden llevar pantalón porque es una prenda masculina. ¿Y por qué Jesús llevaba túnica?¿no es como llevar falda?, además llevando pantalón enseño menos que con falda ¿no?…silencio.

¿Por qué no puedo hacer deporte?, porque vistes indecentemente, a lo que le contesté hacer deporte es sano y juego al baloncesto con chicas…sin respuesta.

Le dije que no me había dado ninguna razón por la que seguir siendo palmariana y me contestó que la salvación de las almas estaba en el Palmar, que los árabes querían reconquistar todo el territorio europeo que es su momento fue de ellos y que la Iglesia católica de Roma desaparecería , que los masones dominaban el mundo y que los comunistas gobernarían en todos los países.

Me levanté y le dije que desde mi punto de vista una persona que adora  una piedra si cumple con su fe se salvaría, en cuanto a los masones no creo que sean tan malos porque los que he conocido son muy buenas personas, no creo que los comunistas lleguen a gobernar en todos los países y para terminar le dije que lo que estaban haciendo era aislar a los palmarianos, haciendo que poco a poco dejaran de tener ideas propias y que aprovechaban el miedo a ir al infierno para que personas como mi madre les diesen dinero con el que vivir como reyes sin hacer nada. Salí de la habitación donde estaba hablando con él, que era donde se hacían las confesiones y le dije a mi madre “me voy”.

Imagínate a mi madre llorando, culpándose porque había algo que no había hecho bien, y pensando que se iba a ir al infierno por todos sus pecados y por no haberme encaminado bien. Esta fue la reacción en un primer momento. Cuando llegó a casa, la historia era otra, el demonio se había apoderado de mi y había  que hacerme un exorcismo.

Mi padre ni hizo, ni dijo nada. Así que tuve que defenderme yo sola, de hecho muchas de las cosas que hacía mi madre en y por el Palmar y muchas de las cosas que pasaron entre mi madre y yo por la secta, mi padre no las supo nunca. Mi madre se lo ocultó y yo, hay muchas cosas que no le dije porque no iba a servir para nada positivo, lo único que habría conseguido era que hubiese una bronca más entre ellos.

Recuerdo a mi abuela materna, llorando cuando la llamé para decirle lo que había pasado, pero ella de alegría porque sus oraciones habían sido escuchadas.

 

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