espaliaswing/ abril 28, 2018/ Sin categoría/ 0 comments

En primer lugar hablaré de Tía Teresa, una de las mujeres más grandes que me he encontrado. De tez curtida, flaca y no muy alta, pero muy grande y de una fortaleza interior espectacular; la recuerdo con su traje de falda y chaqueta y rosa roja en uno de los ojales. Según mis padres era una influencia no muy positiva, porque tenía tendencias rojas en política.

De ella aprendí que mantener el espíritu joven es lo que hace que la vida nos siga sorprendiendo, y que el espíritu se puede mantener en la juventud aunque estés cerca de los 70 años; que gracias a nuestra fuerza interior podemos conseguir lo que nos propongamos en la vida; que los sueños se pueden hacer realidad si creemos absolutamente en nosotros mismos y que de alguna forma todos somos creativos, sólo tenemos que encontrar nuestro camino para desarrollar la creatividad.

La cuestión es que me encantaba sentarme a escucharla y mantenía largas conversaciones con ella a mis 16, 17 y 18 años. Recuerdo que contaba su vida desde la fortaleza de haber superado momentos muy duros, su espíritu libre me invitaba a ser siempre yo misma, sin importar lo que pensaran los demás, estaba siempre dispuesta a aprender y su curiosidad era insaciable, y me animaba a que yo siguiera queriendo aprender siempre. Sin embargo, transmitía dolor, pena y rencor cuando hablaba de lo que había ocurrido con su marido Paco.

Fue gobernador de La Agüera, recorrió el territorio saharaui visitando las agrupaciones nómadas de aquella parte del desierto con la intención de iniciar y completar el censo del pueblo saharaui y demostrar al Gobierno de España que estaba formado por gente de paz y de buena voluntad al que algún día habría que reconocer como pueblo libre e independiente.

El 29 de diciembre de 1933, Mohamed Ben Youssef ben El Hassan firma el Dahir en nombre del Sultán de Marruecos Mohamed V y le hace entrega de la distinción de Oficial de la Orden de Ouissam Alaouitte por ser el primer europeo que se adentraba en el desierto con el sólo fin de visitar las  agrupaciones nómadas del interior y mostrarles sus deseos de paz y de concordia. Y el recorrido de su tercer viaje fue publicado con un mapa detallado en la portada del diario Heraldo de Madrid del 2 de abril de 1935.

Al estallar la sublevación contra el gobierno de la República, permaneció fiel al gobierno y no se adhirió a la sublevación militar, siendo por ello confinado por los sublevados, en septiembre de 1936, junto con su familia, en el pueblo gomero de Alajeró, al finalizar la guerra civil se trasladó a Capitanía de Las Palmas con el objetivo de esclarecer su situación. Y a continuación al Gobierno Militar en Madrid con idéntico propósito.

Fue sometido a tres tribunales de honor (1.940-1.942) formados por  oficiales del Ejército de igual graduación en los dos primeros por lo que los impugnó y el tercero por oficiales de mayor graduación en los que se determinó el retiro del Ejército por desafecto al glorioso movimiento, según consta en su Hoja de Servicios.

En 1.941 y a la vez que se presentaba a las autoridades de Madrid, al intentar ocupar la casa de su propiedad en Ciudad jardín de Alicante, que había sido utilizada durante la contienda como refugio para heridos de guerra, la encontró ocupada por un adepto a la causa franquista a quién expuso repetidamente de manera personal y a través de innumerables peticiones al Ministerio de la Vivienda, la necesidad de la justa devolución que no consiguió.

Desposeído de su casa y de derechos civiles y militares, en 1945 se exilió con su familia en Tánger y allí permaneció hasta 1962 en que regresó a Las Palmas de Gran Canaria. Mi padre lo recordaba porque le decía toma la “sopinga”, cuando le daba de comer sopa.

Recuerdo las elecciones generales en las que el PSOE llegó al gobierno, la esperanza de tía Teresa era conseguir que en la hoja de servicios de Paco se reconociera su graduación, fuese eliminado de su expediente militar el borrón que supuso mantenerse contrario al alzamiento y la devolución de su casa de Alicante.

Vivió este momento de cambio político como una victoria personal, que desgraciadamente se convirtió en una gran decepción porque el gobierno de Felipe González no escuchó sus demandas, que eran absolutamente coherentes.

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