Antonio Bautista León, el Herrero, innovador de tecnologías en este valle construyó, hacia 1898, en La Ladera, el tercer molino de agua de La Aldea. Diseñó un modelo adaptado a mayor o menor cantidad de agua, con la apertura de dos bocines en direcciones para el movimiento de una rueda grande y de otra pequeña, conectadas a sendas maquinarias.

En este molino se mantiene el sistema tradicional de los molinos de agua de Gran Canaria.

Básicamente el funcionamiento es como sigue: el agua acumulada en el cubo sale a presión en su base por una abertura (bocín) y hace mover a la rueda horizontal (rodezno). A su vez la rueda por medio de su eje vertical transmite el movimiento hasta la sala y hace la muela móvil (piedra). Sobre las dos piedras va la tolva con una canaleta que deposita el grano en medio de la muela triturándolo. Desde la sala del molino se puede regular la molienda con dos llaves que bajan a la bóveda; una aligera la molienda apalancando todo el mecanismo y otra lo pone en marcha con más o menos fuerza al regular el chorro de agua.

Su inauguración, a las 13 horas del 5 de noviembre de 1898, fue un acontecimiento en el pueblo que reunió a numeroso público que atónito comprobó como se derrumbaba el cubo sobre el techo de la sala aplastando a quienes en su interior esperaban su puesta en marcha, con 8 heridos y la trágica muerte de un niño de 13 años. Tras el procesamiento del propietario y maestro de obras se reconstruyó el molino y estuvo funcionado hasta mediados de los años cincuenta.

Tras su adquisición por el Ayuntamiento, y tras largo tiempo en abandono y destrucción, se ha rehabilitado con reparaciones en obras, añadidos y maquinaria distinta a la original, y se puede visitar en la red de museos del Proyecto de Desarrollo Comunitario de La Aldea.