Data del siglo pasado y es el único que hay en La Matanza de Acentejo tras el cierre del que estaba ubicado en la calle Real. Lo compró su abuelo pero su propietario anterior “era un señor inglés”, asegura, José Manuel de León Izquierdo, quién heredó no sólo el molino de gofio que lleva el nombre del barrio, sino también el oficio, al que se dedica desde muy joven, prácticamente, desde toda la vida.

“De niño, después de la escuela, venía con mi hermana y mi hermano aquí. Mi padre ponía un cajón debajo y empezábamos a pesar y a amarrar porque había tres partes de envasado, mientras tanto, mi madre llenaba las bolsas a pala”, recuerda. “Yo me he criado en este lugar; para mí es un pequeño tesoro”.