En el molino de La Escalona la tradición ha ido pasado de padres a hijos y las dos generaciones ya se encuentran al frente después que Carlos Fumero decidiese abandonar hace casi 30 años su antigua actividad de tractorista para dedicarse por entero a la elaboración del gofio en sus distintas variedades, y a la que también se dedica desde hace 10 años Manuel Fumero, su hijo.


En este sentido, Carlos Fumero reconoce que “la idea de convertirme en molinero fue porque me animaron unos amigos, por lo que decidí después de más de 20 años con las palas de que era hora de cambiar” de actividad profesional, en la que ha contado con el apoyo de su familia.

Fue en 1982 cuando comienza a desprenderse de la maquinaria pesada y a comprar las piedras para moler, crear el silo y las instalaciones necesarias para poner en marcha Gofio de La Escalona, empezando a funcionar el molino en 1983.